Reconocer nuestros detonantes - Personality Change Makers

Reconocer nuestros detonantes

¿QUÉ ES UN DETONANTE?

Hoy en día, hablar de rasgos de personalidad, de heridas emocionales, o de patrones se ha vuelto muy importante. Y no es para menos: entender cómo actuamos y qué nos duele es fundamental para nuestro desarrollo personal. Sin embargo, algunas veces, por mucho que nos conozcamos o sepamos lo que hacemos y lo que nos hiere, no logramos entender por qué algo nos afecta… o porqué, de repente, terminamos “estallando” o desbalanceados emocionalmente.

En realidad, esto se debe a que no entendemos (o no conocemos) nuestros detonantes. Así, saber cuáles son nuestros estresores, activadores o aquello que nos amenaza o altera es esencial para entender nuestras emociones y reacciones. Cuando reconocemos que hay cosas que nos afectan más que otras, podemos trabajar en ellas y prepararnos para afrontarlas mejor, evitando llegar a estados de rabia, tristeza o estrés sin saber el motivo.

En efecto, reconocer nuestros detonantes hace parte fundamental de comprender quiénes somos. No basta con saber qué nos duele o cómo actuamos: también necesitamos entender qué nos desestabiliza. Conocernos de manera integral se convierte así en una forma profunda de autocuidado, porque nos permite anticipar y manejar aquellas situaciones que nos incomodan, pero no podemos evitar.

De hecho, si bien hay miles (o millones) de posibles estresores, podemos resumirlos en ocho principales: la coerción, la desaprobación, la descalificación, la exposición social, la indiferencia, la subestimación y la traición.

Veamos cada una:

LA COERCIÓN

La coerción es uno de los detonantes más comunes y, al mismo tiempo, más invisibilizados de todos. Es esa sensación de sentirnos obligados a hacer algo: a hacer un favor, cambiar de planes, esperar, “hacer caso”. Sentimos que nos “toca” acomodarnos, que los demás “no piensan en nosotros”, y que somos “siempre” quienes debemos ajustarnos para complacer al otro.

Así, un favor mal pedido, un cambio inesperado de planes o una tardanza en un compromiso pueden convertirse en razones suficientes para estresarnos o incluso generarnos ansiedad o rabia.

LA DESAPROBACIÓN

La desaprobación es otro de los detonantes más frecuentes. Es esa sensación de que alguien no aprueba lo que hacemos: cuando nos dicen que algo no está bien, que no es adecuado, o cuando simplemente no están de acuerdo con nosotros.

En esos momentos, una crítica, una corrección o un desacuerdo pueden bastar para desestabilizarnos y estresarnos, generando incomodidad o incluso llevándonos a arruinar el día o la semana.

LA DESCALIFICACIÓN 

Si bien está relacionada con la desaprobación, la descalificación va más allá. No se trata solo de sentir que desaprueban lo que hacemos, sino de sentir que nos están atacando a nosotros como personas, como seres humanos. Cuando percibimos que nos restan valor, autoridad o credibilidad, podemos sentirnos amenazados y perder el equilibrio emocional.

Un comentario sobre cómo nos vemos, cómo actuamos o cómo hablamos puede parecer pequeño, pero tiene el poder de desgastarnos y llevarnos a criticarnos a nosotros mismos o a defendernos de manera impulsiva, atacando de vuelta.

LA EXPOSICIÓN SOCIAL

Por otra parte, la exposición social se refiere a situaciones en las que sentimos que somos el centro de atención. Exponer en público, ser observados o simplemente sentir que todos hablan de nosotros puede desestabilizarnos emocionalmente.

Situaciones como una presentación laboral, una fiesta o incluso una conversación grupal pueden activar este detonante, llevándonos a días enteros de tensión anticipatoria y preocupación constante para que todo “salga bien” o no nos equivoquemos.

LA INDIFERENCIA

Otro de los detonantes más comunes es la indiferencia: esta sensación de que no nos están prestando atención, que nos ignoran o que no nos dan la importancia que sentimos merecer. Así, podemos sentirnos amenazados cuando alguien tarda en responder un mensaje, no devuelve una llamada o parece desinteresado.

De hecho, a nivel general, tendemos a interpretar que los demás están siendo “indiferentes” a lo que decimos o hacemos, como si quisieran hacernos daño. Incluso, pueden ser situaciones en las que simplemente no somos el centro de atención, y terminamos entonces cargados, estresados o agobiados.

LA INEFICIENCIA

La ineficiencia nos altera cuando sentimos que los demás no van a nuestro ritmo o que los procesos avanzan demasiado lento. Cuando creemos que algo debería resolverse rápido y no ocurre así, aparece la frustración.

Ejemplos típicos son los trámites burocráticos, los retrasos o las rutinas que no fluyen como esperamos. Aunque todo siga su curso, si este detonante está activo, nos sentimos impacientes, inquietos o agotados.

LA SUBESTIMACIÓN

Otra de las grandes formas de amenaza o de detonantes es la subestimación, es decir, es esa sensación de que no se reconoce nuestro valor o nuestras capacidades. Cuando no escuchan nuestras opiniones, no nos ascienden, o eligen a otra persona en lugar de nosotros, nos sentimos heridos o desmotivados. 

Son momentos en los que sentimos que tenemos el potencial, pero los demás no lo ven. Que no reconozcan nuestros logros o que prefieran a otros puede convertirse en un gran estresor.

LA TRAICIÓN

Por último, existe el detonante de la traición: esa idea constante de que las personas pueden querer hacernos daño. Que alguien guarde secretos, oculte la verdad o no nos cuente todo en detalle puede ser interpretado por nosotros como una forma de traición, y por ende, por una razón para estar estresado. 

Así, se nos pasan los días buscando verdades a medias, mentiras o historias incompletas para “asegurarnos” de que la otra persona no intenta engañarnos… porque, si lo hace (o creemos que lo hizo), terminamos sintiéndonos defraudados, frustrados y completamente desbalanceados emocionalmente.

¿PERO QUÉ PASA CUANDO ESTÁ EN MI CABEZA Y NO EN LA REALIDAD?

Así que resumiendo, las amenazas son aquellas situaciones, personas o acciones que nos hacen sentir coercionados, desaprobados, descalificados, expuestos, indiferentes, ineficientes, subestimados o traicionados. Son detonantes que nos llevan a estresarnos o generarnos tristeza. Sin embargo, lo curioso es que no siempre lo que percibimos refleja la realidad.

A veces es nuestra mente la que nos dice que estamos siendo amenazados, cuando en realidad no es así. Las personas pueden pedirnos favores sin intención de coaccionarnos. Pueden estar en desacuerdo sin creer que hicimos algo mal. Pueden no aprobar lo que hacemos y aun así aceptarnos. Nuestros jefes pueden pedirnos exponer sin querer ponernos en evidencia. Los demás pueden tener otros ritmos, otras prioridades o simplemente otras maneras de ver la vida; o pueden no contarte todo en completo detalle, y eso no quiere decir que te estén escondiendo verdades, o que quieran hacerte daño.

Cuando vivimos en un estado de alerta constante, tratando de defendernos de amenazas que no siempre existen, terminamos atrapados en el estrés, la ansiedad y la tristeza. Y eso no se justifica. 

Por esto justamente nació Personality Change Maker (PCM). No solo para aprender a reconocer cuándo un detonante realmente existe y cómo manejarlo, sino también para desarrollar la capacidad de guiar a otros en ese mismo camino. Porque conocer nuestras heridas y rasgos de personalidad es solo el comienzo… también necesitamos aprender a manejar estos estresores y a reconocer cuándo son reales y cuándo los estamos percibiendo por nuestros propios miedos. Y PCM nos entrega las herramientas para comprendernos, transformarnos y acompañar a otros en el proceso de crecimiento y desarrollo personal.

Catalina del Castillo Cano

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