Navidad desde el autocuidado
UNA FECHA IMPORTANTE, UNA FECHA DE UNIÓN, UNA FECHA DE AMOR… UNA FECHA QUE DESPIERTA NUESTRAS HERIDAS
La Navidad es una de las épocas más lindas: promueve la unión, el amor, el cuidado y las relaciones. Me atrevería a decir incluso que es de los pocos momentos del año en el que la mayoría de las personas que celebran esta fiesta hacen un esfuerzo para compartir en familia y con amigos. La verdad, es que es una celebración que impulsa el amor y el cariño.
Sin embargo, recientemente, la Navidad se ha convertido en un desafío constante: hay que cumplir con los regalos, con el estatus, con las apariencias, con las sonrisas, con las formas de ser y de vivir. Y si no encajas en esa “apariencia”, entonces estás “mal”, algo debes cambiar y te señalan por lo que no está “bien” contigo.
La celebración del amor, el cariño y el respeto cambia a una celebración de juicio, prejuicio y crítica. Y es allí donde tus heridas, en vez de sanar, empiezan a reabrirse: porque una fecha que debería ser de unión termina siendo una fecha en la que tus estrategias de afrontamiento están a flor de piel, en la que tus amenazas y detonantes se sienten al rojo vivo, y en la que tus dolores y miedos parecen carnada para tus relaciones.
¿Un poco ilógico, no? Pasas todo el año cuidándote, invirtiendo tiempo en tu salud mental y aprendiendo a poner límites, como para llegar a esa cena familiar y recibir un comentario de “¿Y la pareja para cuándo?”, que te desmorona y revive tus temores.
Así, entre afanes, compromisos, regalos, apariencias, pretenciones y heridas, la Navidad se está volviendo un espacio de desconexión, poca autenticidad y presión… muy (pero muy) alejada de lo que es en realidad.
¿QUÉ SIGNIFICAN DOS VERDADES OPUESTAS?
En realidad es que en esta época del año te enfrentas a dos verdades opuestas: quieres compartir, celebrar en familia y con amigos; pero también quieres cuidarte de las relaciones poco sanas, del ataque directo a tus heridas y de los juicios constantes… porque no nos mintamos: tu manera de ser —desde tus vulnerabilidades hasta tus rasgos de personalidad— sale a flor de piel en esos encuentros, para bien o para mal. Y esto solo hace que estas dos verdades aparentemente “opuestas” entren en conflicto.
Y digo “aparentemente” porque a nuestra cabeza le cuesta entender que “querer compartir” y “querer cuidarnos de estas personas” estén sucediendo al mismo tiempo. Pero la realidad es que sí, es así. Y como es así, necesitamos atender ambas realidades.
Por un lado, necesitas cuidar esas relaciones, entender que son personas que TAMBIÉN cargan con sus miedos, sus sentimientos y sus formas de actuar y responder a la vida. Entender que en esos encuentros hay historias compartidas y relaciones valiosas… y que si llegas predispuesto al conflicto, probablemente habrá conflicto.
Pero también tienes que atender el hecho de que debes cuidarte de los comentarios dolorosos o de las expresiones de recelo. Y es allí donde los límites, la comunicación asertiva y las palabras sinceras juegan un papel fundamental. Porque no se trata de agredir de vuelta, de contraatacar o de ignorar y callar… se trata de expresar lo que sientes sin victimización y sin odio.
¿QUÉ HACER, ENTONCES, CON ESA DINÁMICA?
La respuesta corta es: afrontarla. Comprender que nadie es perfecto y que, si tú entiendes cuáles son tus heridas, qué te detona y cómo actúas frente al estrés, y además, trabajas sobre eso, no solo tú vas a cambiar y sanar, sino también tus relaciones y tus dinámicas familiares. Porque si antes gritabas o te victimizabas y ahora hablas suave, pero firme, las demás personas se sorprenderán y tendrán que reaccionar distinto a como lo hacían antes… porque no tendrán cómo atacar lo que “siempre haces” si ahora lo estás haciendo diferente.
Es impresionante, pero trabajar en tu personalidad genera un impacto tan potente en tu vida y en tus relaciones que difícilmente habrá vuelta atrás una vez empieces. Porque ya no huirás de tus miedos: ahora los enfrentarás, a pesar de la dificultad, con apoyo, con calma, paso a paso… pero enfrentándolos. Aquello que te estresa no desaparecerá (porque muy pocas cosas en el mundo realmente se desvanecen), pero podrás hacerle frente con más paciencia y aceptación. Y todo esto hará que los comentarios que antes dolían en el alma, hoy los puedas ver con fastidio o incomodidad, pero también con risa y humor. Y esto, a su vez, generará un impacto en tus relaciones, que o cambiarán, o aceptarán que, por muchos comentarios que hagan sobre ti, ya no tienen el poder de incomodarte. Porque recuerda: nuestra personalidad es INRTERpersonalidad —lo que hace el otro nos afecta, lo que hacemos afecta al otro—.
Y AHORA… ¿CÓMO CUIDARTE?
Así que esta Navidad no se trata de repetir discusiones innecesarias y poco resolutivas con tu familia o tus amigos. Esta Navidad se trata de cuidarte para cuidar tus relaciones.
El primer paso es justamente aceptar que estas dos verdades (querer compartir y querer cuidarte de aquellos con quienes quieres compartir) existen. El segundo paso es empezar a actuar (desde ya, no esperas a la cena para hacerlo) de manera distinta. Si normalmente callas lo que sientes, empieza a comunicarlo. Si normalmente criticas porque hacen las cosas distintas a tu manera, empieza a reconocer que las están haciendo (así sea diferente a como tú lo harías). Si normalmente culpas a los otros de lo “mal” que va tu vida, empieza a reconocer qué estás haciendo tú para vivir lo que estás viviendo.
Y por último, recuerda que la Navidad se trata de amor. Empieza a darte afecto, cuidado y cariño… porque el amor es infinito. Que te atiendas y pienses en ti, no le resta a nadie el amor que le puedes dar… para que, en el momento en el que celebres la Navidad, el cariño sea la norma y no la excepción.
Así que sí, este blog es un poco distinto a los anteriores… porque aunque seguimos hablando de personalidad y de cómo tu manera de ser impacta en quienes te rodean, hoy quiero hacerlo desde una mirada más navideña. Que esta Navidad sea una invitación a mirarte con más cariño, a cuidarte y conocerte mejor.
Al final, de eso se trata Personality Change Maker: de trabajar en ti, pero también de aprender a guiar a otros hacia su autenticidad, hacia relaciones más sanas y hacia una comprensión más profunda de quiénes son. Para que esta Navidad no sea una época de heridas que se reabren, sino un momento para cuidarte, conocerte y amar con conciencia.
Catalina del Castillo Cano